La tecnología ha simplificado enormemente la gestión de autónomos y empresas. Pero gestionar datos no es lo mismo que tomar buenas decisiones. Descubrimos todo lo que hace una asesoría con un equipo como el de Álvarez Real y que difícilmente cabe en una aplicación.
Facturar, contabilizar gastos, preparar una nómina, recibir una alerta sobre un impuesto o consultar las cuentas de una empresa. Hoy podemos hacer en segundos tareas que hace no tantos años requerían horas y es una excelente noticia.
La digitalización, la automatización y, ahora, la inteligencia artificial permiten que empresas y autónomos tengan más información, reduzcan tareas administrativas y gestionen sus negocios de manera mucho más eficiente.
Pero esta facilidad también puede generar una falsa sensación ya que, si una herramienta me permite hacer muchas de estas tareas, ¿para qué necesito una asesoría? La respuesta aparece cuando dejamos de hablar de trámites y empezamos a hablar de decisiones.
Porque una cosa es presentar un impuesto y otra saber si se está planteando correctamente. Una cosa es confeccionar una nómina y otra interpretar qué convenio, complemento o situación laboral corresponde. Y una cosa es registrar los números de una empresa y otra muy diferente entender qué nos están diciendo.
¿Qué hace una asesoría que no puede hacer una aplicación?
Una aplicación puede automatizar procesos, ordenar información, realizar cálculos o generar alertas. Por su parte, una asesoría añade contexto, interpretación, anticipación y una visión global del negocio. Y buena parte de ese trabajo ocurre, precisamente, antes de que el cliente perciba que existe un problema.
El papel de la asesoría es detectar que falta una obligación fiscal antes de que la administración la reclame, advertir de que determinada contratación tiene unas implicaciones laborales concretas, comprobar que un gasto aparentemente deducible puede no serlo, identificar una ayuda a la que la empresa podría optar o recomendar proteger una marca antes de comenzar a invertir en ella.
A veces, también consiste simplemente en levantar el teléfono cuando llega una carta de la administración y responder a la pregunta que probablemente más preocupa al empresario en ese momento “¿Y ahora qué tengo que hacer?”
¿Realmente es más barato hacerlo todo uno mismo?
La posibilidad de gestionar directamente cada vez más obligaciones ha hecho que algunos autónomos y empresas se planteen prescindir del asesoramiento profesional.
Sobre el papel, las cuentas parecen sencillas, si puedo hacerlo yo, me ahorro el coste de una asesoría. Pero en esa cuenta faltan dos partidas importantes la del tiempo y el riesgo.
Cada hora que un empresario dedica a interpretar una norma, comprobar un modelo, resolver una incidencia, revisar una nómina o averiguar cómo debe contabilizar una operación es una hora que no dedica a sus clientes, sus ventas, su producto o su estrategia.
Y después está el coste del error. Una obligación que se desconocía, una deducción aplicada incorrectamente, un plazo que se pasa o una contratación mal planteada pueden acabar generando recargos, sanciones o costes muy superiores al supuesto ahorro inicial.
Hacer un trámite puede ser relativamente sencillo. Saber qué trámite corresponde, cuándo hay que hacerlo y qué consecuencias tiene es otra cuestión.
Las herramientas de gestión actuales son extraordinariamente útiles y en Álvarez Real apostamos por ellas porque permiten trabajar de forma más ágil y colaborativa con nuestros clientes.
Pero una plataforma trabaja con la información que recibe y el asesor añade algo diferente, el contexto. Por eso, el valor del asesoramiento está cada vez más en disponer de una visión global de la empresa.
Fiscalidad, contabilidad, gestión laboral, seguros, ayudas, financiación, protección de la propiedad industrial o digitalización se cruzan constantemente en la vida de cualquier negocio. Es por ello, que una asesoría integral tiene algo difícilmente sustituible y es que conoce el histórico, entiende el contexto y puede conectar las distintas piezas.
¿Cuándo puede ser especialmente importante contar con un asesor?
Hay momentos en la vida de una empresa en los que disponer de asesoramiento puede cambiar la forma de afrontar una decisión.
1. Cuando Hacienda pregunta
Recibir una notificación de la Agencia Tributaria genera inevitablemente preocupación.
Un asesor no solo puede interpretar qué está solicitando la Administración. También conoce la situación fiscal de la empresa, puede revisar antecedentes, preparar la documentación, valorar la respuesta y acompañar durante el procedimiento.
2. Cuando quieres contratar
Contratar a una persona no consiste únicamente en introducir sus datos y generar una nómina.
Hay que analizar el convenio aplicable, el tipo de contratación, los costes, las obligaciones laborales y preventivas y los posibles cambios normativos que puedan afectar a esa decisión.
Plantearlo correctamente desde el principio puede evitar problemas posteriores.
3. Cuando vas a invertir
¿Es el momento adecuado? ¿Cómo afecta fiscalmente? ¿Existe alguna ayuda? ¿Cómo se amortiza? ¿Tiene sentido financiar una parte?
Una misma inversión puede tener implicaciones fiscales, contables y financieras y, en determinados casos, estar vinculada a subvenciones o incentivos.
Analizarla desde diferentes perspectivas permite tomar una decisión con más información.
4. Cuando las cosas van bien
El asesoramiento no sirve únicamente para solucionar problemas.
Crecer también genera preguntas: contratar, invertir, abrir una nueva línea de negocio, ampliar instalaciones, buscar financiación o proteger nuevos activos.
De hecho, algunas de las decisiones más importantes se toman precisamente cuando una empresa está creciendo.
5. Cuando las cosas se complican
Una caída de ventas, un problema de tesorería, un conflicto laboral, un siniestro o una inspección requieren analizar alternativas y valorar sus posibles consecuencias.
La tecnología puede aportar información y facilitar el análisis, pero las decisiones empresariales necesitan contexto.
6. Cuando existe una oportunidad que desconocías
Quizá este sea uno de los trabajos menos visibles de una asesoría.
Un empresario no tiene por qué conocer cada nueva ayuda, incentivo, cambio normativo, deducción o posibilidad de financiación. Su trabajo es dirigir su negocio.
¿La inteligencia artificial puede sustituir a una asesoría?
La inteligencia artificial y la automatización pueden ayudar enormemente a mejorar la gestión empresarial, analizar información y reducir tareas repetitivas. Pero utilizar una herramienta no elimina la necesidad de valorar cada situación concreta.
Una respuesta puede ser técnicamente correcta y, sin embargo, no ser la adecuada para una determinada empresa por su situación fiscal, laboral, financiera o societaria.
Por eso, cuanto más automatizada esté la gestión administrativa, más valor adquieren las tareas que no consisten simplemente en introducir o procesar información, la de interpretar, anticipar, relacionar, recomendar y acompañar en la toma de decisiones.
La cuestión, por tanto, no debería ser tecnología o asesoramiento.
La combinación más útil es otra, es tecnología para gestionar mejor y profesionales para interpretar mejor.
En Álvarez Real creemos en una asesoría cada vez más digital, pero también cada vez más cercana y especializada.
Una asesoría que utilice la tecnología para eliminar tareas repetitivas y dedicar más tiempo a las que realmente aportan valor, conocer cada negocio, anticiparse a sus necesidades, detectar oportunidades y ayudar a tomar decisiones con más información.

Codirectora General
Alvarez Real









